JUNTOS ANDEMOS SEÑOR


«¡Oh Señor del mundo, verdadero Esposo mío! -le podéis vos
decir, si se os ha enternecido el corazón de verle tal, que no sólo
queráis mirarle, sino que os holguéis de hablar con El, no oraciones
compuestas, sino de la pena de vuestro corazón, que las tiene El en
muy mucho-, ¿tan necesitado estáis, Señor mío y Bien mío, que
queréis admitir una pobre compañía como la mía, y veo en vuestro
semblante que os habéis consolado conmigo? Pues ¿cómo, Señor,
es posible que os dejan solo los ángeles, y que aun no os consuela
vuestro Padre? Si es así, Señor, que todo lo queréis pasar por mí,
¿qué es esto que yo paso por Vos? ¿De qué me quejo? Que ya he
vergüenza, de que os he visto tal, que quiero pasar, Señor, todos
los trabajos que me vinieren y tenerlos por gran bien por imitaros en
algo. Juntos andemos, Señor. Por donde fuereis, tengo de ir. Por
donde pasareis, tengo de pasar».
7. Tomad, hija, de aquella cruz. No se os dé nada de que os
atropellen los judíos, porque El no vaya con tanto trabajo. No hagáis
caso de lo que os dijeren. Haceos sorda a las murmuraciones.
Tropezando, cayendo con vuestro Esposo, no os apartéis de la cruz
ni la dejéis. Mirad mucho el cansancio con que va y las ventajas
que hace su trabajo a los que vos padecéis, por grandes que los
queráis pintar. Y por mucho que los queráis sentir, saldréis
consolada de ellos, porque veréis son cosa de burla comparados a
los del Señor CAMINO DE PERFECCION TERESA DE JESUS, CAPITULO 26.-6-7

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