ESTE ES...

EVANGELIO
Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venia hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
"Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el bautiza con Espíritu Santo."
Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
Palabra del Señor.
"Yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios"

Recomenzamos el tiempo normal, ordinario en las celebraciones litúrgicas aunque todavía con el recuerdo bien fresco de las fiestas que acabamos de vivir. Jesús es el Ungido, el Hijo de Dios hecho por nosotros Hijo del Hombre. La Natividad, la Epifanía y el Bautismo nos han presentado el hecho de su Presencia entre su familia, la Iglesia, y también en el mundo. El Hijo de Dios se encarnó para estar siempre cerca,  para ser ese amigo verdadero que nunca falla, como escribió Teresa de Jesús.  La celebración de hoy es un eco de esta realidad en la que se fundamenta nuestra fe, la relación con Dios que tenemos y vivimos en Jesucristo.  El es el Siervo de Dios, consciente de su misión,  que es el sentido de su existencia humana. Es la promesa de Dios realizada,  hecha historia y vida humana, que asume nuestras circunstancias y dificultades y en ellas se manifiesta como salvación,  esto es, perdón,  ayuda, reconciliación pero también luz para todas las personas y todos los pueblos, esto es, la humanidad entendida no sólo desde los individuos sino también desde su vida compartida como familia,  sociedad,  nación, pueblo.
En este contexto el texto del Evangelio que se toma "prestado"  de San Juan se entiende más allá que como otro relato del Bautismo. Es el mismo profeta Juan quien señala a este hombre como los demás como el Siervo elegido y ungido con toda la fuerza del amor, verdad y fuerza efectiva de Dios, su propio Espíritu creador y dador de vida. Este bautismo de agua, que simboliza toda la predicación y obra de Juan el Bautista –para nada desdeñable- y toda la antigua Alianza, con sus intentos infructuosos de que nos convirtamos, sirve para señalar y reconocer al verdadero Bautismo en la persona de Aquel que tiene el Espíritu. En Él está el verdadero camino que lleva a Dios y a nosotros mismos, también a ese otro mundo posible y cada vez más necesario, dadas las contradicciones e insostenibilidad del nuestro. Pero Jesús no es solo un signo, una invitación, sino que tiene la capacidad de obrar en nosotros la transformación interior y exterior que necesitamos para llegar a ser, verdadera y efectivamente, hijos del Padre y hermanos unos de otros, porque Él puede compartir, entregar el Espíritu, el amor efectivo y real, que descansa y reside en Él pues se identifica plenamente con Dios. Junto a Él, ayudados y sostenidos por toda su vida y entrega, también nosotros podemos y tenemos que entregar nuestra vida para salvarnos y cambiar siquiera un poco este mundo, que buena falta le hace. FUENTE OCD IBERICA SANTA TERESA



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