Quédate...permanece...

"Permaneced en mi" (Jn. 15, 4).
Es el Verbo de Dios quien da esta orden, quien manifiesta esta voluntad. Permaneced en mí no sólo unos instantes, algunas horas pasajeras, sino "permaneced..." de un modo permanente, habitual. Permaneced en mí, orad en mí, adorad en mí, amad en mí, sufrid en mí, trabajad, obrad en mí. Permaneced en mí para presentaros a cualquier persona, a cualquier cosa, penetrad siempre cada vez más en esta profundidad. Es ésta verdaderamente "la soledad adonde Dios quiere atraer al alma para hablarle", como cantaba el profeta. Mas para escuchar esta palabra llena de misterio no hay que quedarse, por decirlo así, en la superficie; es necesario entrar siempre más en el Ser divino por medio del recogimiento.

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