
Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales;
entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos.
Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes;
aparta de ti tus inquietudes trabajosas.
Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia.
Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios
y lo que pueda ayudarte para buscarle;
y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él.
Di, pues, alma mía, di a Dios: "Busco tu rostro Señor, anhelo ver tu rostro".
"Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca;
porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes,
y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas.
Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré".
SAN ANSELMO(FRAGMENTO)
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